Un saludo a quien lo lea, hola.
Pues simplemente felicito en estas líneas a quien tenga que celebrar, a quien quiera celebrar; no importa si un cumple, un santo, una fecha, una alegría sin más.
Tampoco importa cómo, no hace falta fiesta enorme ni escapada ni reunión sin igual.
Tan solo algo distinto, algo que rompa la cotidianidad, que nos haga rememorar, dedicar, recordar, compartir, enseñar,...
Escribo hoy deseando lo mejor a las personas, escribo recordando a las personas que ya no están.
Escribo... recordando una frase de cuando aún las pesetas y los duros eran moneda corriente en nuestro país y me apetece compartirla.
Mezclaría esa frase que despierta en mí, siempre, una sonrisa con las felicitaciones del principio. Y es que felicito a toda persona que me lea (y a la que no me lea también, decídselo vosotros/as); pero felicito en especial a una persona a la que escuché esa frase hace mucho tiempo.
Es una persona que me conocía muy bien y a la que yo hubiese querido conocer más aún. Me acuerdo todos los días, tú lo sabes papá.
Pero hoy más. Me viene a la memoria muy nítida (casi 30 años ya) al leer otra noticia sobre la muerte de Manolo Escobar, comparto con letras aquellos momentos hace años en un concierto de este gran artista.
Decía que comparto con letras dirigidas a quien tenga que celebrar y me apetece, antes de contar ese momento singular para mí, nombrar una palabra: emoción, emoción por lo bueno, por lo que nos gusta, por lo que nos hace celebrar con alegría.
¿Te acuerdas? Aquella noche de agosto, escuchando en directo al gran Manolo Escobar y tú diciendo aquello de: "Hasta cien duricos fiaos, Manolico". Había quien estaba igualmente divertida por las canciones que por tus comentarios y por tus lágrimas, por esa emoción sincera, por ese momento sostenido durante casi dos horas de emoción y sonrisas... y más lágrimas...
Bien, demasiadas letras escribí hoy cuando realmente se podría haber resumido diciendo: Carpe Diem. Pero no, verdad, tú no lo hubieras escrito así, no, seguro. Y yo tampoco: "Hasta cien duricos fiaos, Manolico".
Descanséis en Paz.
Blog a ratos, para recordar, compartir y disfrutar escribiendo, pensando y quizás leyendo.
sábado, 26 de octubre de 2013
jueves, 10 de octubre de 2013
Cenas de Bar
¿Cómo estamos después de tanta crisis; de tanto brote verde, más bien invisible; de tanta picardía del poder; de tanto robo de guante blanco, de guante público, presuntos o no; de tanta noticia vergonzosa; de tanto trato sin contrato, firmado a dedo; de tanta noticia que esconde, como una atractiva cortina, las verdaderas ocupaciones y preocupaciones de muchas personas gobernantes y/o influyentes de este país; cómo?
Doy mi respuesta, sólo mi respuesta, la de hoy. Pues mal, muy mal, hartos. Así lo creo, así lo estoy. Porque saben ustedes, no es mi deseo estar pendiente de lo que algunas personas hacen, tampoco disfruto valorando los encuentros, tratos y acuerdos entre organizaciones o personas que tienen el ganar dinero a toda costa como principal objetivo diario, no. No quiero escribir sobre esto pero es que... ¡sólo me sale sobre esto!
A ver, lo que pasa es que uno es sensible a la información, también es sensible a la situación, y ésta, la actual situación es inaguantable para muchos, increíble para todos. Leo noticias y escucho noticias y ..., ¿es que todos los días es el día de los Santos Inocentes? De año en año, este día ha dado para noticias disparatadas y hasta eso, inocentes y divertidas. Ahora no puedo creer la mayoría de las que leo o escucho a diario, nada de inocentes y divertidas, culpables y aburridas, cansinas.
Me afectan especialmente las que tienen como protagonistas a gobernantes o a personas allegadas poco honradas, poco consideradas, poco respetuosas en definitiva.
Pero eso sí, vivimos en una localidad democrática, cualquier localidad, por pequeña o por grande que sea, es democrática, vivimos dentro de un país democrático, en un mundo..., bueno, esa es la teoría. La práctica, la realidad es otra historia. Vamos a lo nuestro; bueno, a lo mío, voy a escribir sobre... ¿España es democrática? ¿Qué significa democracia?
Es un término, según los libros, originado y acuñado en la antigua Grecia, nacido de la unión de dos vocablos: demos (pueblo) y kratos (poder).
Seguro que no nace, para nada, perfecto. Había esclavos y mujeres, se les consideraba no ciudadanos. En fin, era el principio de un camino en busca de una alternativa justa de sociedad y gestión de ésta. Poder del pueblo para el pueblo. Suena bien a medias, casi eliminaba yo la palabra poder de la definición. Sí, mejor, y añadía las palabras respeto y honestidad, por el pueblo, por todas las personas.
A España parece que llegó tarde, aún recuerdo la canción aquella por los años 70: "ya nos lavamos la cara, ya tenemos democracia...", sí, gran descubrimiento, más vale tarde que nunca. Será por eso que no la hemos dominado aún, la verdadera democracia, digo.
Seguro que en multitud de lugares donde el respeto por los demás sea bien considerado desde siempre -¡vaya un sueño!- pueden aportar virtudes a la democracia. En fin... y, a propósito, ¿existen estos lugares? Seguro que exagero.
Pero bueno, yo a lo mío, y pregunto: ¿Qué sería vivir en democracia? ¿Se puede vivir sin saber qué es la democracia pero sí teniendo respeto por los demás y hasta por uno/a mismo/a?
Intentaré responderme a este par de reflexiones. Sobre la segunda, se puede y se debe, mi respuesta es un sí rotundo, ahí lo dejo. Sobre qué sería vivir en democracia, intento explicar mi punto de vista en los siguientes párrafos.
Democracia sería aquello de que el poder lo ostenta el pueblo, todos de acuerdo. Bien, pero el pueblo no se reúne en asamblea para decidir, luego de democracia directa no hablamos. Claro, era mucho pedir a las primeras de cambio.
Democracia semidirecta o participativa, suena bien, ¿no creen? Lo de participativa digo. Aún habiendo delegado el poder en representantes justamente elegidos por la mayoría, también puede extender el pueblo su participación en la gestión a través de mecanismos como el referéndum, el plebiscito y la iniciativa popular.
Casi acertamos pero hace falta hacer el pino puente con voltereta lateral para que estos mecanismos se usen fuera de las camisas de fuerza que nuestras leyes, o sea, nuestros gobernantes, les han colocado. ¡Pues sí que me fastidia!
Democracia indirecta, el pueblo elige representantes para que éstos tomen las decisiones. Serán representantes, atendiendo a una jerarquía. Aquí sí, aquí está España, así la veo, más que en las otras modalidades. Y hablando de todo un poco, no por ser aguafiestas, el tamaño de las jerarquías y el refranero popular castellano motivan la cantidad de noticias que alimentan el desencanto de una parte del pueblo, al menos mi desencanto. No lo digas a nadie, shshshshs...
Sí, el refranero castellano, sí:
"A quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija".
"El que no llora, no mama".
"A Dios rogando y con el mazo dando".
"A nadie le amarga un dulce".
"Antes de meter, prometer".
"Consejos vendo y para mí no tengo".
"Cuánto más se tiene, más se quiere".
"De lo que no cuesta, llena la cesta".
"Donde fueres, haz lo que vieres".
"El hábito no hace al monje".
"El que parte y reparte, se queda con la mejor parte".
"La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo".
"Luego que tu pan comí, no me acordé de ti".
"Ojos que no ven, corazón que no siente".
"Poderoso caballero es don dinero".
"Una cosa es predicar y otra dar trigo".
Y es que: "El que vive de favores, sirve a muchos señores".
No digo yo que no necesitemos representantes, poli..., casi no me apetece escribir políticos Y políticas. Pues claro que nuestro país necesita de unos representantes, que deben ser elegidos, votados por el pueblo. Bueno, pues ya empezamos mal. El pueblo vota con unas papeletas sencillas y la ley electoral complica la lectura y el resultado de lo que el pueblo elige y, además, permite pactos y mociones personales, con motivaciones a veces de dudosa honorabilidad..., ¿dónde está aquí el pueblo? ¿Sólo votar?
Personas reales con R de Rey, que no es igual a la R de Reina; organizaciones e institutos varios con la N de No; gobernantes locuaces a ratos con amplios apoyos de todo tipo; personas en las que, confiadamente, gente honrada ha depositado esperanzas, ilusiones, confianza, votos... para, simplemente, poder pensar en futuro;... bien, pues muchas de esas personas no están actualmente a la altura que toca.
¡Qué de corrupción, qué de avidez por el poder, qué de esfuerzos (lástima de palabra en esta frase) para el enriquecimiento personal, qué de amnistías..., en fin, ¡ojalá!
En realidad no quería escribir sobre estas historias. Me hubiera gustado compartir algunas situaciones y hechos totalmente distintos. Me maravilla la forma de actuar de ciertas personas, altruistas en mayor o menor medida, pero sensatas, honestas con el entorno... ¡eso es lo que puede sacarnos de la actual situación! ¡Y mira que soy positivo, pero de los de más por más, eh!, pero no hay manera.
En fin, ahora sí, les dejo unos enlaces, por si nos animamos.
lunes, 4 de marzo de 2013
Un recuerdo y una felicitación especial
Antes de empezar o, mejor dicho, para empezar, rompo el silencio desde el último escrito porque necesito pensar y disfrutar de la soledad, de las letras solas. Es una delicia leer después de escribir, ¡aunque no sea lo propio!
Puestos a preferir, prefiero la buena compañía pero puestos a estar solos, no hay mejor forma de estarlo que pensando y disfrutando ante letras, o ante números bien ordenados. Así lo hago hoy después de bastantes días, y lo hago sobre...
Ya pasó la Navidad, ¡vaya! Pasó este año casi fugazmente para mí. Y avanzan los días en el Año Nuevo, otro año más, el 2013.
Os cuento alguna cosilla acerca de algunas de mis Navidades, no sé por qué me vienen hoy precisamente, muy lejos ya de las últimas, estos recuerdos entrañables, familiares, irrepetibles literalmente.
Recuerdo a mi padre y a mi madre en la mesa y, sonriente, me gustaba mirarles a ellos y a mis hermanos. Estamos todos. Había años en que mi padre trabajaba y no estaba en las cenas señaladas o en las comidas de Navidad y Año Nuevo. Había algo de especial hasta en echarle de menos.
Si era Nochebuena o Nochevieja, él se llevaba la fiambrera con sus calamares rellenos y su marisco. ¡Qué bueno escuchar aquello de cómo le gustaron los calamares a los compañeros!
Si era el día de Navidad o el de Año Nuevo, la fiambrera se rellenaba con cocido, con esas pelotas magistrales que mi mamá aún nos sigue regalando, con sus garbancitos la mar de tiernos.
En otras ocasiones, fue una locura escuchar el timbre a eso de las diez y media cuando el turno de trabajo era de tarde. ¡Cómo deseábamos sentarnos a la mesa todos juntos! Uno de esos días recibimos mis hermanos y yo unos regalos muy especiales. Los recuerdo como muy entrañables, por inesperados. Esos regalos eran aquellos sacapuntas de metal, de los que habían de innumerables modelos: la bola del mundo, la plancha, hasta un cañón. Tres figuritas que nos alegraron un montón. Ordenadamente y sobre la tele presidieron la cena.
Aunque puestos a recordar regalos, junto a estas figuritas recuerdo mi primer balón 'de reglamento', reglamentariamente de cuero, pintadito en blanco, azul y rojo, reluciente. Allí lo tuve casi un día expuesto en un sillón, se veía muy chulo.
¡Qué regalos aquellos! Pero casi lo que más recuerdo son los juegos y los artilugios, que no juguetes, que empleábamos los peques: mi hermano y yo, para jugar.
A saber, un bastón a modo de taco y pelotas de tenis para jugar sobre una mesa cualquiera al billar. La mesa pegada a una esquina de la pared tenía dos de los cuatro lados para hacer carambolas. Los otros lados los formábamos arrimando los respaldos de las sillas... Era difícil acertar, sí, carambolas haríamos pocas, pero risas muchas.
También jugábamos a los coches; las ruedas, nuestras piernas, y el volante, ceniceros. Había volantes dorados, plateados,... no eran ceniceros como los de ahora, minimalistas, nooo. Eran ceniceros sin uso al que nosotros dábamos un buen tute, con dirección asistida, ¡de verdad!
Y qué decir del balón-puerta, o del tenis-globo. Pues sí, deportes casi preolímpicos.
El primero era similar al baloncesto pero con la puerta formando el cesto, tras ella y entre la pared.
El segundo fue en aquellos tiempos en que mi hermano se había roto la pierna. Como se aburría, pues hinchamos un globo como pelota, calentamos las manos a modo de raquetas y él, sentado en un sillón, y yo, tras una pequeña silla que hacía de red, intercambiábamos manotazos globo allá, globo acá. ¡Claaaaro!
No nos aburríamos, no.
Bien, pues termino estas reflexiones por sorpresa, estos recuerdos fugaces que hoy vinieron a mí y necesitaron dar una bocanada de este aire lluvioso.
Mientras escribo, echo de menos a muchas personas. A ellas mando una felicitación sin palabras, un beso y un abrazo tardío, eterno. Entre esos abrazos, uno muy especial a papá, el que no recuerdo haberte dado.
De otra manera, temporalmente, sabiendo que la semana sí corre para curar este mal -menor-, echo de menos, muchísimo, a los que me hacen reir tanto, a los que me hacen ocuparme y preocuparme a diario. ¡Qué solo me siento cuando río al mirar ese dibujo familiar en el frigorífico adoptado!
Pues sí, esta tarjeta familiar quiere ser una felicitación para todas las personas que se preocupan por mejorar la vida de los demás y la propia, para quienes sonríen y hacen sonreir. En especial, también, para quienes trabajan lejos de casa y para quienes trabajan para trabajar. Siempre ánimo.
Esta humilde felicitación es muy importante para mí y la comparto también con quienes ayudan y disfrutan haciéndolo, y saben hacerlo, con quienes lo intentan, con quienes se esfuerzan, con quienes se dejan ayudar y con quienes gozan compartiendo.
Hoy creo que ni leí la prensa, ni escuché la radio, ni miré a la tele. ¿Se nota?
Casi imposible sacar matrícula de honor en esto de ayudar pero estudiando, llevando los deberes al día y cuidando la concentración en los exámenes y prácticas -diarias-, es casi seguro el aprobado... necesario.
¿Seguro que no leí la prensa...? No, hoy me pareció igual que la de ayer.
Puestos a preferir, prefiero la buena compañía pero puestos a estar solos, no hay mejor forma de estarlo que pensando y disfrutando ante letras, o ante números bien ordenados. Así lo hago hoy después de bastantes días, y lo hago sobre...
Ya pasó la Navidad, ¡vaya! Pasó este año casi fugazmente para mí. Y avanzan los días en el Año Nuevo, otro año más, el 2013.
Os cuento alguna cosilla acerca de algunas de mis Navidades, no sé por qué me vienen hoy precisamente, muy lejos ya de las últimas, estos recuerdos entrañables, familiares, irrepetibles literalmente.
Recuerdo a mi padre y a mi madre en la mesa y, sonriente, me gustaba mirarles a ellos y a mis hermanos. Estamos todos. Había años en que mi padre trabajaba y no estaba en las cenas señaladas o en las comidas de Navidad y Año Nuevo. Había algo de especial hasta en echarle de menos.
Si era Nochebuena o Nochevieja, él se llevaba la fiambrera con sus calamares rellenos y su marisco. ¡Qué bueno escuchar aquello de cómo le gustaron los calamares a los compañeros!
Si era el día de Navidad o el de Año Nuevo, la fiambrera se rellenaba con cocido, con esas pelotas magistrales que mi mamá aún nos sigue regalando, con sus garbancitos la mar de tiernos.
En otras ocasiones, fue una locura escuchar el timbre a eso de las diez y media cuando el turno de trabajo era de tarde. ¡Cómo deseábamos sentarnos a la mesa todos juntos! Uno de esos días recibimos mis hermanos y yo unos regalos muy especiales. Los recuerdo como muy entrañables, por inesperados. Esos regalos eran aquellos sacapuntas de metal, de los que habían de innumerables modelos: la bola del mundo, la plancha, hasta un cañón. Tres figuritas que nos alegraron un montón. Ordenadamente y sobre la tele presidieron la cena.
Aunque puestos a recordar regalos, junto a estas figuritas recuerdo mi primer balón 'de reglamento', reglamentariamente de cuero, pintadito en blanco, azul y rojo, reluciente. Allí lo tuve casi un día expuesto en un sillón, se veía muy chulo.
¡Qué regalos aquellos! Pero casi lo que más recuerdo son los juegos y los artilugios, que no juguetes, que empleábamos los peques: mi hermano y yo, para jugar.
A saber, un bastón a modo de taco y pelotas de tenis para jugar sobre una mesa cualquiera al billar. La mesa pegada a una esquina de la pared tenía dos de los cuatro lados para hacer carambolas. Los otros lados los formábamos arrimando los respaldos de las sillas... Era difícil acertar, sí, carambolas haríamos pocas, pero risas muchas.
También jugábamos a los coches; las ruedas, nuestras piernas, y el volante, ceniceros. Había volantes dorados, plateados,... no eran ceniceros como los de ahora, minimalistas, nooo. Eran ceniceros sin uso al que nosotros dábamos un buen tute, con dirección asistida, ¡de verdad!
Y qué decir del balón-puerta, o del tenis-globo. Pues sí, deportes casi preolímpicos.
El primero era similar al baloncesto pero con la puerta formando el cesto, tras ella y entre la pared.
El segundo fue en aquellos tiempos en que mi hermano se había roto la pierna. Como se aburría, pues hinchamos un globo como pelota, calentamos las manos a modo de raquetas y él, sentado en un sillón, y yo, tras una pequeña silla que hacía de red, intercambiábamos manotazos globo allá, globo acá. ¡Claaaaro!
No nos aburríamos, no.
Bien, pues termino estas reflexiones por sorpresa, estos recuerdos fugaces que hoy vinieron a mí y necesitaron dar una bocanada de este aire lluvioso.
Mientras escribo, echo de menos a muchas personas. A ellas mando una felicitación sin palabras, un beso y un abrazo tardío, eterno. Entre esos abrazos, uno muy especial a papá, el que no recuerdo haberte dado.
De otra manera, temporalmente, sabiendo que la semana sí corre para curar este mal -menor-, echo de menos, muchísimo, a los que me hacen reir tanto, a los que me hacen ocuparme y preocuparme a diario. ¡Qué solo me siento cuando río al mirar ese dibujo familiar en el frigorífico adoptado!
Pues sí, esta tarjeta familiar quiere ser una felicitación para todas las personas que se preocupan por mejorar la vida de los demás y la propia, para quienes sonríen y hacen sonreir. En especial, también, para quienes trabajan lejos de casa y para quienes trabajan para trabajar. Siempre ánimo.
Esta humilde felicitación es muy importante para mí y la comparto también con quienes ayudan y disfrutan haciéndolo, y saben hacerlo, con quienes lo intentan, con quienes se esfuerzan, con quienes se dejan ayudar y con quienes gozan compartiendo.
Hoy creo que ni leí la prensa, ni escuché la radio, ni miré a la tele. ¿Se nota?
Casi imposible sacar matrícula de honor en esto de ayudar pero estudiando, llevando los deberes al día y cuidando la concentración en los exámenes y prácticas -diarias-, es casi seguro el aprobado... necesario.
¿Seguro que no leí la prensa...? No, hoy me pareció igual que la de ayer.
domingo, 16 de septiembre de 2012
La muda ilusión
Recupero hoy unas letras que escribí el siglo pasado. Con este escrito simplemente pretendo recordarme la importancia de...
Bueno, mejor, leed y dadle o no importancia a...
Bueno, mejor, leed y dadle o no importancia a...
Érase una vez una chica. Como
cada mañana, llegaba a trabajar en coche, buscaba su aparcamiento, no un
aparcamiento cualquiera, el aparcamiento. Era su sitio, era su palco, donde
cada mañana reafirmaba la alegría de despertarse una vez más, donde volvía a
dar las gracias por poder ser.
Eran las 7:50, todavía un
poquito más. Mientras, escuchaba la radio, miraba la puerta cerrada de su
oficina y esperaba el momento..., ese momento. Miraba la esquina, el telón
estaba a punto de levantarse... Ahí está, ¡qué alegría de nuevo!, ¡qué
entusiasmo!, ¡qué energía!
Le deseaba buenos días,
que tengas un buen día, todo en silencio, a esa figura que cruzaba
todos los días a la misma hora por delante de ella, con una frescura y una
energía..., ¿ya te lo dije?
Todas las mañanas, la chica aparcaba frente a su oficina, justo en la esquinita, esperando a la
figura que hacía que el día fuese mejor. Un buenos días mudo y con la sonrisa
nueva, a trabajar. “Hasta mañana”.
Un día, esa chica,
después de su cruce de miradas, de su saludo mudo, después de ser un día más,
comenzó su jornada laboral, una jornada que le llevó a media mañana a hacer una
gestión en... Allí fue y allí pasó que... Allí estaba él. Cuenta la historia
que se rompió el saludo mudo y que se saludaron y se escucharon como si
estuvieran solos. Un buenos días tan solo, pero un buenos días para ellos dos,
los demás no estuvieron ahí.
Sólo ese buenos días
bastó, la llenó y la hizo pensar y cuentan que escribió lo siguiente:
“Hoy, por fin, he podido cantar los buenos días
que siempre había reservado al aire que cortabas con tu paso ágil, mañanero,
tan difícil de ver..., ¡sigue así!”
Sigue la historia que, al
día siguiente, como de costumbre, el primer coche aparcado en ese cruce era el
de la chica, y que la hora del encuentro entre miradas no se produjo
puntualmente. La chica, preparada para salir y preparada para comenzar su
jornada... dio los mudos buenos días y sonrió.
También cuenta la
historia que, al día siguiente, esa chica no pudo aparcar en la esquinita y,
contenta, aunque algo desorientada por un momento, dejó los buenos días para
que esperaran por ella.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Sobre himnos y letras
Buen comienzo éste:
Si acaso lo de soldados lo podemos interpretar como ciudadanos y aldeanos en general, y lo de la lid como la lucha diaria en todos los frentes menos en el de batalla, batalla…
A ver éste:
O este otro:
Y mira que recuerdo cómo nos enseñaron aquello del...
Hablo de nuestro himno nacional, el español. Desde la primera estrofa de arriba, parte del Himno de Riego, republicano, hasta unas frases de Eduardo Marquina o el último extracto, de José María Pemán, no ha habido acuerdo y/o interés para aceptar como buena letra alguna.
Cada estrofa, cada letra de cada uno de ellos, está motivada por unas circunstancias históricas y por cómo las vivieron quienes escribieron o suscribieron o dejaron escribir.
El fin perseguido, enaltecer lo propio, divulgar las hazañas y riquezas nacionales y certificar la propiedad de éstas y su compromiso de defensa a ultranza de lo nuestro, de nuestra tierra y sentimientos.
Pero el caso es que a día de hoy no tenemos himno. No es que haga falta pero… Me he sorprendido leyendo himnos de otros países y letras de canciones, así como preguntándome si es mejor o no contar con himno nacional o recurrir al “chun ta chun ta…” ¿Cambiaría algo nuestra forma de vivir por España?
Bien, pues he encontrado letras bonitas, historias que contar y cantar, que despiertan sentimientos de unión y orgullo. Pero la verdad es que muchas, la mayoría de los himnos, hablan de luchar y defender, de conquistar, de un Dios nacional que protege sesgadamente a los míos y ‘confunde’ a los extranjeros…
Con todos los respetos, honrar la historia, el pasado, el esfuerzo de tantos, es encomiable y necesario pero me parece que no serían un buen ejemplo para un himno actual, demasiado beligerantes la mayoría, muy motivadores, muy propias en otros tiempos, de colonialismo y luchas armadas, sin tapujos, de guerra limpia, sin cuartel.
Por ejemplo, en el himno británico hablan, además de dar gloria a su perpetua Reina, de:
En este último párrafo lo arreglan un poco bastante, una familia mundial. Sólo le falta añadir: bien avenida, una familia bien avenida, en todo el mundo, ¡la repera limonera!
La verdad es que este himno es bastante comedido, muy sutil. Lo de que Dios tome parte en su lucha y confunda los pícaros trucos y la política de los enemigos tiene bastante miga, muy gracioso me parece a mí, e injusto.
Otro ejemplo, el himno de los Estados Unidos. En él, desde el amanecer hasta la noche se libra un fiero combate pero las estrellas y las barras acaban desplegándose sobre tierra de libres, aún allí, también allí, en la costa lejana.
Defienden su tierra natal de un torpe invasor y dan gracias a Dios, que les dio paz, libertad y honor. ¡Ah!, y triunfan porque su causa es el bien.
También leí el himno francés, también en él aparece el Gran Dios, y la guerra, los feroces soldados enemigos y la patria francesa como una máquina de producir nuevos héroes para sustituir a los perecidos en la batalla.
No tiene desperdicio aquello de:
y lo del final:
Tras estos himnos, también leí el alemán. Fue el primero donde no encontré la palabra Dios. De él destaco:
esto lo repiten en la primera parte del himno, mientras que en la segunda repiten aquello de:
Definitivamente me gusta más la última parte, donde dicen:
Si es que no aprendemos porque no queremos.
Pero no, a los españoles no nos han servido hasta ahora letras como éstas. Quizás no las hemos buscado demasiado, tal vez no las hayamos leído una segunda vez, o... seguramente no hubo acuerdo de adopción y aprobación.
He intentado aprender de otros himnos, de sus letras, y me gusta, la verdad, con todo el respeto, más la música que la letra de todos ellos.
Demasiado belicismo e imperialismo… Si acaso, me gusta el ruso y el italiano, que dicen, respectivamente, algunas frases como:
Bonito mensaje el de contar con espacio para soñar y vivir, con perspectiva de futuro y siendo leales, para siempre.
También bonito el mensaje italiano de unirnos y amarnos.
Y es que hay un gran colorido mundial en todos ellos, muchos mensajes, muchos sentimientos, y distintos.
No quisiera pasar por alto algo de lo que dice el himno chino. ¡Qué espíritu!
Vaya si la alzan.
También el himno de Irán quería mencionar, por sus buenas palabritas. Me ha llamado la atención aquello de:
No quería olvidar el himno japonés. Se reduce a un homenaje a su emperador, del estilo del ‘Dios salve a la reina’ inglés:
Natural sí es, eso no se lo quita nadie, y digo yo, cuando haya brotado el musgo de las rocas, ¿alguna generación más? O nos plantamos ya.
Una de mis letras favoritas es ésta:
esto dice, entre otras letras, el himno de Kenia. La justicia como blindaje y defensa, ¿qué os parece?, morar en unidad, paz y libertad. ¿Alguien da más? La abundancia dentro de nuestras fronteras, la leche, vamos…
Tengo que escribir acerca del himno australiano, un súper himno, hasta cinco copiosos versos. Os transcribo parte de lo que se canta en el primer verso:
Además de estas líneas, también es destacable el sentimiento de aupar a todas las comunidades sajonas como integrantes de la nación australiana y repiten al final de cada verso, lo siguiente:
Cambiando totalmente, leí el himno de Cuba pero no lo transcribo, ni siquiera aquellas dos primeras estrofas que son las utilizadas oficialmente. Básicamente por no dar ideas.
Para terminar este muestrario escueto de letras y algunos sentimientos mundiales, copio una parte del himno mexicano que, aunque una amenaza parece, me apetece verla como una frase que detalla el amor y la determinación por defender lo propio.
Mientras tanto, España sigue sin himno. Si cogiéramos lo mejor de todos los que hemos leído, habría para hacer uno bien hermoso pero no sería el de la ciudadanía española.
Un himno debe ser emotivo, motivador, resultado de una ensalada de aquello que nos enorgullece… que nos une como nación…
“Serenos y alegres,
valientes y osados,
cantemos soldados
el himno a la lid.”
Si acaso lo de soldados lo podemos interpretar como ciudadanos y aldeanos en general, y lo de la lid como la lucha diaria en todos los frentes menos en el de batalla, batalla…
A ver éste:
“Púrpura y oro:
querer y lograr;
tú eres, bandera,
el signo del humano afán.”
“Juntos con ellos
cantemos de pie
la vida nueva y
fuerte de trabajo y paz.”
“…sobre el azul del mar,
el caminar del sol.”
Cada estrofa, cada letra de cada uno de ellos, está motivada por unas circunstancias históricas y por cómo las vivieron quienes escribieron o suscribieron o dejaron escribir.
El fin perseguido, enaltecer lo propio, divulgar las hazañas y riquezas nacionales y certificar la propiedad de éstas y su compromiso de defensa a ultranza de lo nuestro, de nuestra tierra y sentimientos.
Pero el caso es que a día de hoy no tenemos himno. No es que haga falta pero… Me he sorprendido leyendo himnos de otros países y letras de canciones, así como preguntándome si es mejor o no contar con himno nacional o recurrir al “chun ta chun ta…” ¿Cambiaría algo nuestra forma de vivir por España?
Bien, pues he encontrado letras bonitas, historias que contar y cantar, que despiertan sentimientos de unión y orgullo. Pero la verdad es que muchas, la mayoría de los himnos, hablan de luchar y defender, de conquistar, de un Dios nacional que protege sesgadamente a los míos y ‘confunde’ a los extranjeros…
Con todos los respetos, honrar la historia, el pasado, el esfuerzo de tantos, es encomiable y necesario pero me parece que no serían un buen ejemplo para un himno actual, demasiado beligerantes la mayoría, muy motivadores, muy propias en otros tiempos, de colonialismo y luchas armadas, sin tapujos, de guerra limpia, sin cuartel.
Por ejemplo, en el himno británico hablan, además de dar gloria a su perpetua Reina, de:
“¡Oh Señor Dios,
dispersa a nuestros enemigos,
y hazlos caer!
Confunde sus pícaros trucos,
confunde su política,
confunde su política,
en ti nuestras esperanzas ponemos,
¡Dios salve a la Reina!
No sólo en esta tierra
Dios misericordioso,
¡de costa a costa!
Señor, haz ver a las naciones,
que los hombres son hermanos,
y forman una familia, en todo el mundo.”
La verdad es que este himno es bastante comedido, muy sutil. Lo de que Dios tome parte en su lucha y confunda los pícaros trucos y la política de los enemigos tiene bastante miga, muy gracioso me parece a mí, e injusto.
Otro ejemplo, el himno de los Estados Unidos. En él, desde el amanecer hasta la noche se libra un fiero combate pero las estrellas y las barras acaban desplegándose sobre tierra de libres, aún allí, también allí, en la costa lejana.
Defienden su tierra natal de un torpe invasor y dan gracias a Dios, que les dio paz, libertad y honor. ¡Ah!, y triunfan porque su causa es el bien.
También leí el himno francés, también en él aparece el Gran Dios, y la guerra, los feroces soldados enemigos y la patria francesa como una máquina de producir nuevos héroes para sustituir a los perecidos en la batalla.
No tiene desperdicio aquello de:
“Perdonad a estas pobres víctimas
que, contra su voluntad,
se arman contra nosotros”,
“¡Que la victoria acuda bajo tus banderas
al oír tus varoniles acentos!
¡Que tus enemigos moribundos
vean tu triunfo y nuestra gloria!”
“Alemania, Alemania sobre todo,
sobre todo en el mundo…”,
sobre todo en el mundo…”,
“Mujeres alemanas, lealtad alemana,
vino alemán y canciones alemanas
seguirán muy estimadas en todo el mundo,
y nos inspirarán a hazañas nobles…”
“Unidad y justicia y libertad
son el voto de la felicidad…”
Pero no, a los españoles no nos han servido hasta ahora letras como éstas. Quizás no las hemos buscado demasiado, tal vez no las hayamos leído una segunda vez, o... seguramente no hubo acuerdo de adopción y aprobación.
He intentado aprender de otros himnos, de sus letras, y me gusta, la verdad, con todo el respeto, más la música que la letra de todos ellos.
Demasiado belicismo e imperialismo… Si acaso, me gusta el ruso y el italiano, que dicen, respectivamente, algunas frases como:
“Un vasto espacio para sueños y vidas
nos abre los años futuros,
nos da fuerza la lealtad a la patria.
¡Así fue, así es y así será siempre!”;
o también:
“Unámonos y amarnos unos a otros,
Unión, y el amor.”
También bonito el mensaje italiano de unirnos y amarnos.
Y es que hay un gran colorido mundial en todos ellos, muchos mensajes, muchos sentimientos, y distintos.
No quisiera pasar por alto algo de lo que dice el himno chino. ¡Qué espíritu!
“¡Levantaos, los que rehúsan la esclavitud!
Con nuestra carne y sangre,
alcemos una nueva Gran Muralla.”
También el himno de Irán quería mencionar, por sus buenas palabritas. Me ha llamado la atención aquello de:
“Tu mensaje, ¡Oh Imam!, de la independencia y libertad
está impreso en nuestras almas.”
está impreso en nuestras almas.”
“Que vuestro reinado, Señor,
dure mil generaciones,
ocho mil generaciones,
ocho mil generaciones,
hasta que las piedras
se hagan rocas,
se hagan rocas,
y de ellas brote el musgo.”
Natural sí es, eso no se lo quita nadie, y digo yo, cuando haya brotado el musgo de las rocas, ¿alguna generación más? O nos plantamos ya.
Una de mis letras favoritas es ésta:
“Oh Dios de toda la creación,
bendice nuestra tierra y nación.
La justicia sea nuestro blindaje y defensa,
La justicia sea nuestro blindaje y defensa,
podamos morar en unidad, paz y libertad.
La abundancia se encuentre
dentro de nuestras fronteras”,
esto dice, entre otras letras, el himno de Kenia. La justicia como blindaje y defensa, ¿qué os parece?, morar en unidad, paz y libertad. ¿Alguien da más? La abundancia dentro de nuestras fronteras, la leche, vamos…
Tengo que escribir acerca del himno australiano, un súper himno, hasta cinco copiosos versos. Os transcribo parte de lo que se canta en el primer verso:
“Todos los australianos alegrémonos,
porque somos jóvenes y libres.
Contamos con el suelo de oro y la riqueza del trabajo.”
"Advance Australia Fair!"
Para terminar este muestrario escueto de letras y algunos sentimientos mundiales, copio una parte del himno mexicano que, aunque una amenaza parece, me apetece verla como una frase que detalla el amor y la determinación por defender lo propio.
“Mas si osare un extraño enemigo
profanar con su planta tu suelo,
piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dio.”
Un himno debe ser emotivo, motivador, resultado de una ensalada de aquello que nos enorgullece… que nos une como nación…
¡Ah!, perdón…
lunes, 3 de septiembre de 2012
Hoy
Hoy me siento raro,
lo añoro y no, no está.
Me cuesta hablar al explicarte,
miro alrededor para recordar.
Repito lo que no puedo compartir,
lo revivo y no, no está.
Me cuesta escribir al contarte,
escucho alrededor para no olvidar.
por lo contento de escucharos,
necesito pensar en viernes.
Atrás otra semana, entera,
¡qué gozada compartir besos!
mucho más que la del pan ganarme,
me guía desde que el lunes salgo,
a la mañana, tras unos besos
y unas caricias, dedicadas al cuidado.
Hoy me siento…
No sé cómo expresarte.
Bueno, hoy,
hoy me siento solo.
esta tarde
especialmente.
Busco lo que no puedo
encontrar, lo añoro y no, no está.
Me cuesta hablar al explicarte,
miro alrededor para recordar.
Hoy me siento triste,
esta tarde
especialmente. Repito lo que no puedo compartir,
lo revivo y no, no está.
Me cuesta escribir al contarte,
escucho alrededor para no olvidar.
Y me pasó: no poder
hablar;
callé, por la alegría,
por la pena,por lo contento de escucharos,
necesito pensar en viernes.
Atrás otra semana, entera,
¡qué gozada compartir besos!
Ese pensamiento, el de
acercarme,
esa necesidad,
grandiosa,mucho más que la del pan ganarme,
me guía desde que el lunes salgo,
a la mañana, tras unos besos
y unas caricias, dedicadas al cuidado.
Hoy me siento…
No sé cómo decirte.Hoy me siento…
No sé cómo expresarte.
Bueno, hoy,
hoy me siento solo.
domingo, 12 de agosto de 2012
Un camino cualquiera
¡Qué contento estoy! Lo estoy porque
tengo ganas de hacer cosas, porque tengo un trabajo, porque quiero a mi familia
-se dan cuenta del orden, cuantitativa y cualitativamente no es el real pero es
significativo que sea éste y no otro-; bien, pues hoy escribía contento y
pensaba que así me sentía.
Feliz no, hay demasiadas situaciones
en el mundo que me hacen no saber por qué existe esa palabra. Pero sí contento,
insisto.
Les explico.
Tengo ganas de hacer cosas. Tenemos
planes, ilusiones: “mañana podemos dar un paseo por la playa”, eso es que
estamos bien, no nos duele nada, o casi nada, y podemos permitírnoslas. Hasta
hoy, pasear por la playa sale barato. Mañana espero que también.
Algo más. ¡Tengo trabajo! Tengo un trabajo, a veces
dos. Después de ser un desempleado durante bastante tiempo y un revisor de
correos electrónicos, a la vez que una persona dispuesta a emigrar, a emigrar
para acertar, a acertar para aceptar, a aceptar para ganar, a ganar para
gastar, a gastar para pensar, a pensar para emprender, a emprender para perder,
a perder para soñar, a soñar para vivir, a vivir…, a la vez que sonreía cuanto
podía, pues después de eso y de volver a estudiar y a gastar, después, recibí
una oferta para trabajar, ¡trabajar!
Media jornada, a 85 km de casa; lo soñado, vamos. Casi
no es una ironía lo anterior. Media jornada significa mucho más que multiplicar
cero trabajos por mil. Sí, jornada completa es más que media jornada pero para
dar un paso hay que mover una pierna antes que otra. Respecto a los 85 km,
Noruega ‘pilla’ más lejos y acababa de mandar un currículum allí…
Después tuve aquello que una amiga me dijo, la suerte
del trabajo, trabajo llama a trabajo. Antes de empezar en mi nuevo empleo donde
acepté las condiciones de mis empleadores, tuve varios días de trabajo como
camarero. Altas de un día, viajes al Servef, (¿os conté mis sensaciones cada
vez que tuve que ir a la oficina de desempleo?, uf… no tomé notas, supongo que
para olvidar pronto, lo puedo resumir en desasosiego, desesperanza,
desconsuelo, daría para otro escrito), rememoré también saludos a una bandeja, recuerdos de la
época de estudiante, reencuentros con gente entrañable y con gente eludible
también.
Todo eso, y más, me encontré para hacer boca en
aquello de volver a trabajar. Resultó que los 85 km se tornaron más próximos al
tener la oportunidad momentánea de residir cerca del trabajo. Buen detalle ese.
La familia quedaría, eso sí, a esos 85 km desde el lunes al viernes. Eso es
difícil de buenas a primeras pero como buena y primera necesidad está la de
tener dignidad y soy más digno –para mí mismo- cuando echo de menos a mi
familia, sobre todo las tardes, pero tengo un ingreso en la cartilla del banco
que no dice “…prestación por… o subsidio por…”, además casi es un compromiso
patriótico.
Vamos, que me encontraba y me encuentro dichoso
echando de menos a la familia durante la mayor parte de la semana. La situación
se ha recompuesto en la época estival. La familia me acompaña durante gran
parte de este tiempo. He tenido bastantes contradicciones dentro de mí, difícil
aceptar lo bueno cuando estás esperando lo peor. Y es que mi confianza no está
por encima de la media. No confío en este presente actual, me encuentro remando
hacia una boya sin saber si habrá isla después, de península no hay rastro.
Pero tengo ganas de remar, a veces me quitan los remos, o a mí eso me parece.
Ayer, un compañero del trabajo por días me llamó.
Necesito seguirle porque estoy sin remos. La familia sigue cerca, menos mal.
Todo sigue parecido, en agosto hace calor, hay mucha gente sensible, pero
mucha, mucha gente valiente. Yo me quedo con ella, ¡qué contentos estamos!
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