sábado, 18 de febrero de 2017

Un País y Diferente


Un País y Diferente
Este año pasado y el pasado del pasado hemos tenido elecciones, ¿verdad?
Algunas de ellas no han servido para encumbrar a figura alguna hasta el sillón presidencial. El mes de diciembre, además del sorteo de Navidad, antes que éste incluso, hubo elecciones, el 20D. Escribo estas letras y no para recordarles esto, no.
Escribo porque después de razonar, después de intercambiar “tweets”, después de ver y escuchar debates, unos sesgados y otros… también, después de leer la prensa, después de escuchar la radio, después de escuchar las cuñas de publicidad gratuita…, después de todo esto, me pregunto varias cosas.
¿Es nuestro país democrático? Esta pregunta es una pregunta sencilla de contestar pero, a mi juicio, podría contener un sentido perverso. Dependería de quién me hiciera la pregunta, en algún caso podría pensar que tengo poco que responder. Me gustaría saber explicar este sentimiento. Lo intentaré.
 
También me pregunto: ¿Quién ostenta el poder real en la sociedad? ¿Podría una o unas personas honradas, confiadas, que pensasen que las demás también lo son, ser buenas representantes de los ciudadanos y ciudadanas de este país? 
Sí, sí, claro.
También me pregunto: ¿La clase política debiera ostentar ese poder antes mencionado o bastaría con ser representantes de la ciudadanía? Son también, qué duda cabe, integrantes del poder ejecutivo y legislativo pero… ¿esto qué significa?

¿Sabe cada persona que resulta elegida como diputado/a que debe trabajar para intentar mejorar el ente al que representa? Un diputado nacional deberá trabajar por el bien de España, por el de los españoles; una alcaldesa, al igual que un concejal, trabajará por el de sus localidades, por el bien de sus vecinos y vecinas. Es fácil, ¿no? Sí, pero hay que añadir el matiz de “en general”.
Estos representantes debían buscar el buen fin para la generalidad, no para la generalidad de unas pocas personas o de un grupo con intereses cercanos, o de uno mismo. Bien, creo que esto es trivial.
Hablaba de democracia antes. Decía que intentaría explicar un sentimiento personal de manipulación, así lo he percibido algunas veces cuando nos dejan el saco lleno al lado, “coged toda la que queráis, cuánta más, mejor”. 
Y es que les cuento, después de los debates y de algunos periódicos, y de algunas cuñas publicitarias, y de más…, pues que veo injusto que tanta democracia olvide a algunos representantes.  Naturalmente me he fijado en detalles pero también me he fijado, y mucho, en las generalidades.
Pues que no esperaba que se acabase del todo el bipartidismo y tampoco que se desinflase el efecto popular de los partidos llamados emergentes. Pero mucho menos esperaba que se menosprecie la labor de otros partidos como…
¿Para qué voy a andarme por las ramas? No esperaba que la labor de UPyD mereciera un trato tan desigual al dado a otros partidos que aspiran a contar sus programas.
Tampoco esperaba el débil reflejo que causa toda esta labor de UPyD en la sociedad española, quizás no hayan sabido contarla bien, quizás no ha interesado a las personas influyentes de este país. Puede que no interesase.
En definitiva…  "No a las puertas giratorias" podría ser un inicio donde buscar, o el origen de algunas denuncias a personajes y entes sospechosos… Los representantes de UPyD no han aceptado asomarse a esas puertas y sí trabajaron y pagaron muchos procesos contra la corrupción...
Pero investiguen por ustedes mismos. Me permito decirles que no esperen escuchar noticias o leer artículos sobre esta agrupación, no hay mucha oportunidad. ¿Por qué?
Hoy, ya en febrero de 2017, después de bastantes semanas con este escrito preso del disco duro, he leido un tweet de Andrés Herzog y he recordado la emoción.

Sí, la emoción ante los logros jamás pensados. Recuerdo emocionarse a mi padre hace muchos años. Parecida circunstancia la he sentido, pensando en la política, pocas veces en mi propia persona.
Una de ellas fue escuchando al señor Herzog, en un debate televisivo, explicando el programa de UpyD, aún pareciendo ingenuo, lo reconozco. Un apunte, según mi diccionario de la Real Academia Española, la palabra ingenuidad significa:

                “Candor, falta de malicia”.
Y candor, por si acaso, significa:

                “Sinceridad, sencillez, ingenuidad y pureza del ánimo”.
No puedo decir mucho más. Bueno, sí.

Otro momento emocionante para mí fue escuchar un discurso del señor Gorka Maneiro, exdiputado vasco por UpyD. Fue en el Parlamento vasco, una de tantas comparecencias, el más activo en su ‘promoción’. Habló muy claramente definiendo algunos que otros sentimientos.
La verdad, no puedo decir más. Sólo confío que los diccionarios de las distintas Comunidades Autónomas no hayan adaptado algunas palabras o sus significados a la conveniencia política según el momento…, y si es así, ¡qué avisen, por favor!
 

jueves, 9 de octubre de 2014

VIVIR LEYENDO

Si acaso, leer es tan bello como vivir. A ver, a ver, no es comparable en sí, pero la belleza de leer comienza porque puedas elegir qué y esto mismo no es posible en otras tareas.
A ver, os aviso. Intentaré explicarme pero no tengo mucho que contaros ahora. Veremos al despedirme si he logrado demostrar la primera frase.


Qué bueno leer algo emocionante, que nos haga pensar, releer, recordar, compartir, soñar, ..., verdad?
Y puestos a disfrutar, si además uno elige y elige bien lo que quiere leer, leer puede transportarnos a una historia donde sentimos lo escrito.
Cuando vivimos, cuando sentimos sin leer, la experiencia es natural, original, real, especial, es principal. Aunque hayamos elegido lo vivido, lo normal es que la vivencia suceda a otra, y ésta a
otra, y así. Casi podría decir que es igual que si no hubiéramos elegido vivencia.
Entonces, podemos elegir lo vivido?
No siempre, no casi siempre, no. Lo vivido no se elige. Se elige, y tampoco, lo que piensas vivir, pero eso no alcanza en nada a lo vivido. Alcanza sólo a lo pensado.
Es bello pensar?, soñar con vivir un momento?, es bellísimo. Y más bellísimo es cuanto más difícil de vivir, si es lo soñado. Pero, a ver, es bonito leer?
Sobre qué? Qué? Elige, busca palabras, busca sentir, puede pasar que pienses viviendo lo que lees y, también, que leas pensando lo que vives, incluso, aunque menos probable, que vivas
leyendo lo que piensas.
Entonces, leer algo iguala a vivir algo?
No, pero elige bien lo que lees, piensa, saborea la buena lectura, la buena historia. Mientras puedas, procúralo siempre, elige lo que vives. Para saber si elegiste bien, habrá que haberlo vivido,
casi leído en la memoria.
Vive y lee, casi seguro que leer ayuda a vivir y seguro que vivir permite leer.
Bien, elegiste leer esto? Seguro que hubieras preferido vivir aquello que pensaste mientras lo hacías. Yo?, también mientras lo escribía.
Dirigido pues, casi exclusivamente, a mí mismo.
Resumiendo más, qué bueno poder leer, qué bueno escribir!

sábado, 8 de febrero de 2014

Abre los ojos

Hay días en que los ojos no miran tan solo, deciden ver. Hay momentos en que los pensamientos se esconden y dejan un resquicio de atención para ver lo cercano, lo inmediato.
 
Hoy fue un día de esos, hoy vi. Hoy hubo momentos de aquellos en que los pensamientos, las preocupaciones se sentaron al lado para ver también... ¡Sienta tan bien!
 
Hoy no hablo de nada trascendente por sí mismo, tan solo hablo de un momento, de unos minutos en que disfruté de un paisaje que 'estaba puesto allí' todos los días pero que no había disfrutado, que no había visto hasta ahora.
 
Os cuento. Paso por una carretera bastante a menudo y no recordaba la existencia de tantos almendros ni tampoco la hermosura que a mí me pareció que éstos, en su conjunto, tenían. Por su diversidad, por cómo aparecen, por la cantidad, por la sorpresa...
 
A que apareciese en mí esta visión y las ganas de contarlo, ayuda naturalmente el que estos almendros han florecido recientemente, el color entre blanco y rosa, violeta, y más...
 
Esto fue lo que llamó mi atención hoy, está claro, estaba claro, y que hubiese un fondo de cielo azul, y que estuviese amaneciendo,..., claro.
 
Y es que no hubiera dicho que había almendros en esta carretera. Apenas llamó mi atención el esqueleto de todos esos árboles días, meses atrás, pero desde luego ahora sí sé que los hay.
 
Durante Kilómetros vi distintas perspectivas, encuadres, imágenes, todas ellas dignas de una buena foto, memorables, recordables, complementarias, antagónicas, suplementarias, distintas, casi iguales en la esencia, sencillas, naturales, bonitas,...
 
Escondidos, atrevidamente asomados al asfalto, grandes, pequeños, altos, desgarbados..., los hay de todas formas y situaciones, crecen en un muro, nacen casi desde las piedras, pero también en grandes campos, alineados, desordenados, a la izquierda, a la derecha,..., no, en el centro no los vi...
 
Cuando tuve estas sensaciones que cuento, cuando estaba 'almendrado' por todas partes no lo pensé, pero ahora, mientras escribo, se me ocurre que esta imagen, esta sucesión de imágenes puede ayudar a disfrutar, creo que igual que ver una película, igual que escuchar una canción, igual que compartir charla y un café.
 
Todo depende de lo que necesite quien quiere disfrutar y del momento. Y ahora, algo confundido, me pregunto: ¿Habría que pagar IVA por este disfrute? ¿Tendría que haber peaje por parte de los propietarios de los almendros? ¿Será ilegal hacer una foto de este paisaje? ¿Estaría aprovechándome del esfuerzo de otros al recordar estas maravillas?... Uy, creo que bastante confundido... Olvidad esto último, sobre todo si tu nombre empieza por Crist, termina por óbal y eres ministro.
 
Termino ya, poco a poco. Comparto el itinerario que me hizo disfrutar de lo que te conté recordando. Desde Jalón a Alcalalí, en Alicante.
 
También antes y después, en Orba, Benidoleig y Pedreguer... De aquí las mandarinas, las naranjas y los limones, entre las hojas verdes,... pero os cuento otro día.
 
De momento miraré en estas tierras que transito las flores del almendro, de cada uno que pueda, para refrescar, para ver.

sábado, 26 de octubre de 2013

Felicidades!!!

Un saludo a quien lo lea, hola.

Pues simplemente felicito en estas líneas a quien tenga que celebrar, a quien quiera celebrar; no importa si un cumple, un santo, una fecha, una alegría sin más.
Tampoco importa cómo, no hace falta fiesta enorme ni escapada ni reunión sin igual.
Tan solo algo distinto, algo que rompa la cotidianidad, que nos haga rememorar, dedicar, recordar, compartir, enseñar,...
Escribo hoy deseando lo mejor a las personas, escribo recordando a las personas que ya no están.

Escribo... recordando una frase de cuando aún las pesetas y los duros eran moneda corriente en nuestro país y me apetece compartirla.
Mezclaría esa frase que despierta en mí, siempre, una sonrisa con las felicitaciones del principio. Y es que felicito a toda persona que me lea (y a la que no me lea también, decídselo vosotros/as); pero felicito en especial a una persona a la que escuché esa frase hace mucho tiempo.
Es una persona que me conocía muy bien y a la que yo hubiese querido conocer más aún. Me acuerdo todos los días, tú lo sabes papá.
Pero hoy más. Me viene a la memoria muy nítida (casi 30 años ya) al leer otra noticia  sobre la muerte de Manolo Escobar, comparto con letras aquellos momentos hace años en un concierto de este gran artista.
Decía que comparto con letras dirigidas a quien tenga que celebrar y me apetece, antes de contar ese momento singular para mí, nombrar una palabra: emoción, emoción por lo bueno, por lo que nos gusta, por lo que nos hace celebrar con alegría.

¿Te acuerdas? Aquella noche de agosto, escuchando en directo al gran Manolo Escobar y tú diciendo aquello de: "Hasta cien duricos fiaos, Manolico". Había quien estaba igualmente divertida por las canciones que por tus comentarios y por tus lágrimas, por esa emoción sincera, por ese momento sostenido durante casi dos horas de emoción y sonrisas... y más lágrimas...

Bien, demasiadas letras escribí hoy cuando realmente se podría haber resumido diciendo: Carpe Diem. Pero no, verdad, tú no lo hubieras escrito así, no, seguro. Y yo tampoco: "Hasta cien duricos fiaos, Manolico".

Descanséis en Paz.


jueves, 10 de octubre de 2013

Cenas de Bar

¿Cómo estamos después de tanta crisis; de tanto brote verde, más bien invisible; de tanta picardía del poder; de tanto robo de guante blanco, de guante público, presuntos o no; de tanta noticia vergonzosa; de tanto trato sin contrato, firmado a dedo; de tanta noticia que esconde, como una atractiva cortina, las verdaderas ocupaciones y preocupaciones de muchas personas gobernantes y/o influyentes de este país; cómo?

Doy mi respuesta, sólo mi respuesta, la de hoy. Pues mal, muy mal, hartos. Así lo creo, así lo estoy. Porque saben ustedes, no es mi deseo estar pendiente de lo que algunas personas hacen, tampoco disfruto valorando los encuentros, tratos y acuerdos entre organizaciones o personas que tienen el ganar dinero a toda costa como principal objetivo diario, no. No quiero escribir sobre esto pero es que... ¡sólo me sale sobre esto!

A ver, lo que pasa es que uno es sensible a la información, también es sensible a la situación, y ésta, la actual situación es inaguantable para muchos, increíble para todos. Leo noticias y escucho noticias y ..., ¿es que todos los días es el día de los Santos Inocentes? De año en año, este día ha dado para noticias disparatadas y hasta eso, inocentes y divertidas. Ahora no puedo creer la mayoría de las que leo o escucho a diario, nada de inocentes y divertidas, culpables y aburridas, cansinas.

Me afectan especialmente las que tienen como protagonistas a gobernantes o a personas allegadas poco honradas, poco consideradas, poco respetuosas en definitiva.
 
Pero eso sí, vivimos en una localidad democrática, cualquier localidad, por pequeña o por grande que sea, es democrática, vivimos dentro de un país democrático, en un mundo..., bueno, esa es la teoría. La práctica, la realidad es otra historia. Vamos a lo nuestro; bueno, a lo mío, voy a escribir sobre... ¿España es democrática? ¿Qué significa democracia?
 
Es un término, según los libros, originado y acuñado en la antigua Grecia, nacido de la unión de dos vocablos: demos (pueblo) y kratos (poder).
 
Seguro que no nace, para nada, perfecto. Había esclavos y mujeres, se les consideraba no ciudadanos. En fin, era el principio de un camino en busca de una alternativa justa de sociedad y gestión de ésta. Poder del pueblo para el pueblo. Suena bien a medias, casi eliminaba yo la palabra poder de la definición. Sí, mejor, y añadía las palabras respeto y honestidad, por el pueblo, por todas las personas.
 
A España parece que llegó tarde, aún recuerdo la canción aquella por los años 70: "ya nos lavamos la cara, ya tenemos democracia...", sí, gran descubrimiento, más vale tarde que nunca. Será por eso que no la hemos dominado aún, la verdadera democracia, digo.
 
Seguro que en multitud de lugares donde el respeto por los demás sea bien considerado desde siempre -¡vaya un sueño!- pueden aportar virtudes a la democracia. En fin... y, a propósito, ¿existen estos lugares? Seguro que exagero.
 
Pero bueno, yo a lo mío, y pregunto: ¿Qué sería vivir en democracia? ¿Se puede vivir sin saber qué es la democracia pero sí teniendo respeto por los demás y hasta por uno/a mismo/a?
 
Intentaré responderme a este par de reflexiones. Sobre la segunda, se puede y se debe, mi respuesta es un sí rotundo, ahí lo dejo. Sobre qué sería vivir en democracia, intento explicar mi punto de vista en los siguientes párrafos.
 
Democracia sería aquello de que el poder lo ostenta el pueblo, todos de acuerdo. Bien, pero el pueblo no se reúne en asamblea para decidir, luego de democracia directa no hablamos. Claro, era mucho pedir a las primeras de cambio.
 
Democracia semidirecta o participativa, suena bien, ¿no creen? Lo de participativa digo. Aún habiendo delegado el poder en representantes justamente elegidos por la mayoría, también puede extender el pueblo su participación en la gestión a través de mecanismos como el referéndum, el plebiscito y la iniciativa popular.
 
Casi acertamos pero hace falta hacer el pino puente con voltereta lateral para que estos mecanismos se usen fuera de las camisas de fuerza que nuestras leyes, o sea, nuestros gobernantes, les han colocado. ¡Pues sí que me fastidia!
 
Democracia indirecta, el pueblo elige representantes para que éstos tomen las decisiones. Serán representantes, atendiendo a una jerarquía. Aquí sí, aquí está España, así la veo, más que en las otras modalidades. Y hablando de todo un poco, no por ser aguafiestas, el tamaño de las jerarquías y el refranero popular castellano motivan la cantidad de noticias que alimentan el desencanto de una parte del pueblo, al menos mi desencanto. No lo digas a nadie, shshshshs...
 
Sí, el refranero castellano, sí:
"A quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija".
"El que no llora, no mama".
"A Dios rogando y con el mazo dando".
"A nadie le amarga un dulce".
"Antes de meter, prometer".
"Consejos vendo y para mí no tengo".
"Cuánto más se tiene, más se quiere".
"De lo que no cuesta, llena la cesta".
"Donde fueres, haz lo que vieres".
"El hábito no hace al monje".
"El que parte y reparte, se queda con la mejor parte".
"La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo".
"Luego que tu pan comí, no me acordé de ti".
"Ojos que no ven, corazón que no siente".
"Poderoso caballero es don dinero".
"Una cosa es predicar y otra dar trigo".
Y es que: "El que vive de favores, sirve a muchos señores".
 
No digo yo que no necesitemos representantes, poli..., casi no me apetece escribir políticos Y políticas. Pues claro que nuestro país necesita de unos representantes, que deben ser elegidos, votados por el pueblo. Bueno, pues ya empezamos mal. El pueblo vota con unas papeletas sencillas y la ley electoral complica la lectura y el resultado de lo que el pueblo elige y, además, permite pactos y mociones personales, con motivaciones a veces de dudosa honorabilidad..., ¿dónde está aquí el pueblo? ¿Sólo votar?

Personas reales con R de Rey, que no es igual a la R de Reina; organizaciones e institutos varios con la N de No; gobernantes locuaces a ratos con amplios apoyos de todo tipo; personas en las que, confiadamente, gente honrada ha depositado esperanzas, ilusiones, confianza, votos... para, simplemente, poder pensar en futuro;... bien, pues muchas de esas personas no están actualmente a la altura que toca.

¡Qué de corrupción, qué de avidez por el poder, qué de esfuerzos (lástima de palabra en esta frase) para el enriquecimiento personal, qué de amnistías..., en fin, ¡ojalá!

En realidad no quería escribir sobre estas historias. Me hubiera gustado compartir algunas situaciones y hechos totalmente distintos. Me maravilla la forma de actuar de ciertas personas, altruistas en mayor o menor medida, pero sensatas, honestas con el entorno... ¡eso es lo que puede sacarnos de la actual situación! ¡Y mira que soy positivo, pero de los de más por más, eh!, pero no hay manera.
 
En fin, ahora sí, les dejo unos enlaces, por si nos animamos.

lunes, 4 de marzo de 2013

Un recuerdo y una felicitación especial

Antes de empezar o, mejor dicho, para empezar, rompo el silencio desde el último escrito porque necesito pensar y disfrutar de la soledad, de las letras solas. Es una delicia leer después de escribir, ¡aunque no sea lo propio!

Puestos a preferir, prefiero la buena compañía pero puestos a estar solos, no hay mejor forma de estarlo que pensando y disfrutando ante letras, o ante números bien ordenados. Así lo hago hoy después de bastantes días, y lo hago sobre...

Ya pasó la Navidad, ¡vaya! Pasó este año casi fugazmente para mí. Y avanzan los días en el Año Nuevo, otro año más, el 2013.

Os cuento alguna cosilla acerca de algunas de mis Navidades, no sé por qué me vienen hoy precisamente, muy lejos ya de las últimas, estos recuerdos entrañables, familiares, irrepetibles literalmente.

Recuerdo a mi padre y a mi madre en la mesa y, sonriente, me gustaba mirarles a ellos y a mis hermanos. Estamos todos. Había años en que mi padre trabajaba y no estaba en las cenas señaladas o en las comidas de Navidad y Año Nuevo. Había algo de especial hasta en echarle de menos.

Si era Nochebuena o Nochevieja, él se llevaba la fiambrera con sus calamares rellenos y su marisco. ¡Qué bueno escuchar aquello de cómo le gustaron los calamares a los compañeros! 

Si era el día de Navidad o el de Año Nuevo, la fiambrera se rellenaba con cocido, con esas pelotas magistrales que mi mamá aún nos sigue regalando, con sus garbancitos la mar de tiernos.

En otras ocasiones, fue una locura escuchar el timbre a eso de las diez y media cuando el turno de trabajo era de tarde. ¡Cómo deseábamos sentarnos a la mesa todos juntos! Uno de esos días recibimos mis hermanos y yo unos regalos muy especiales. Los recuerdo como muy entrañables, por inesperados. Esos regalos eran aquellos sacapuntas de metal, de los que habían de innumerables modelos: la bola del mundo, la plancha, hasta un cañón. Tres figuritas que nos alegraron un montón. Ordenadamente y sobre la tele presidieron la cena.

Aunque puestos a recordar regalos, junto a estas figuritas recuerdo mi primer balón 'de reglamento', reglamentariamente de cuero, pintadito en blanco, azul y rojo, reluciente. Allí lo tuve casi un día expuesto en un sillón, se veía muy chulo.

¡Qué regalos aquellos! Pero casi lo que más recuerdo son los juegos y los artilugios, que no juguetes, que empleábamos los peques: mi hermano y yo, para jugar.

A saber, un bastón a modo de taco y pelotas de tenis para jugar sobre una mesa cualquiera al billar. La mesa pegada a una esquina de la pared tenía dos de los cuatro lados para hacer carambolas. Los otros lados los formábamos arrimando los respaldos de las sillas... Era difícil acertar, sí, carambolas haríamos pocas, pero risas muchas.

También jugábamos a los coches; las ruedas, nuestras piernas, y el volante, ceniceros. Había volantes dorados, plateados,... no eran ceniceros como los de ahora, minimalistas, nooo. Eran ceniceros sin uso al que nosotros dábamos un buen tute, con dirección asistida, ¡de verdad!

Y qué decir del balón-puerta, o del tenis-globo. Pues sí, deportes casi preolímpicos.

El primero era similar al baloncesto pero con la puerta formando el cesto, tras ella y entre la pared.

El segundo fue en aquellos tiempos en que mi hermano se había roto la pierna. Como se aburría, pues hinchamos un globo como pelota, calentamos las manos a modo de raquetas y él, sentado en un sillón, y yo, tras una pequeña silla que hacía de red, intercambiábamos manotazos globo allá, globo acá. ¡Claaaaro!

No nos aburríamos, no. 


Bien, pues termino estas reflexiones por sorpresa, estos recuerdos fugaces que hoy vinieron a mí y necesitaron dar una bocanada de este aire lluvioso.

Mientras escribo, echo de menos a muchas personas. A ellas mando una felicitación sin palabras, un beso y un abrazo tardío, eterno. Entre esos abrazos, uno muy especial a papá, el que no recuerdo haberte dado.

De otra manera, temporalmente, sabiendo que la semana sí corre para curar este mal -menor-, echo de menos, muchísimo, a los que me hacen reir tanto, a los que me hacen ocuparme y preocuparme a diario. ¡Qué solo me siento cuando río al mirar ese dibujo familiar en el frigorífico adoptado!



Pues sí, esta tarjeta familiar quiere ser una felicitación para todas las personas que se preocupan por mejorar la vida de los demás y la propia, para quienes sonríen y hacen sonreir. En especial, también, para quienes trabajan lejos de casa y para quienes trabajan para trabajar. Siempre ánimo.

Esta humilde felicitación es muy importante para mí y la comparto también con quienes ayudan y disfrutan haciéndolo, y saben hacerlo, con quienes lo intentan, con quienes se esfuerzan, con quienes se dejan ayudar y con quienes gozan compartiendo.

Hoy creo que ni leí la prensa, ni escuché la radio, ni miré a la tele. ¿Se nota?
Casi imposible sacar matrícula de honor en esto de ayudar pero estudiando, llevando los deberes al día y cuidando la concentración en los exámenes y prácticas -diarias-, es casi seguro el aprobado... necesario.

¿Seguro que no leí la prensa...? No, hoy me pareció igual que la de ayer.

domingo, 16 de septiembre de 2012

La muda ilusión

Recupero hoy unas letras que escribí el siglo pasado. Con este escrito simplemente pretendo recordarme la importancia de...

Bueno, mejor, leed y dadle o no importancia a...

Érase una vez una chica. Como cada mañana, llegaba a trabajar en coche, buscaba su aparcamiento, no un aparcamiento cualquiera, el aparcamiento. Era su sitio, era su palco, donde cada mañana reafirmaba la alegría de despertarse una vez más, donde volvía a dar las gracias por poder ser.

Eran las 7:50, todavía un poquito más. Mientras, escuchaba la radio, miraba la puerta cerrada de su oficina y esperaba el momento..., ese momento. Miraba la esquina, el telón estaba a punto de levantarse... Ahí está, ¡qué alegría de nuevo!, ¡qué entusiasmo!, ¡qué energía!

Le deseaba buenos días, que tengas un buen día, todo en silencio, a esa figura que cruzaba todos los días a la misma hora por delante de ella, con una frescura y una energía..., ¿ya te lo dije?

Todas las mañanas, la chica aparcaba frente a su oficina, justo en la esquinita, esperando a la figura que hacía que el día fuese mejor. Un buenos días mudo y con la sonrisa nueva, a trabajar. “Hasta mañana”.

Un día, esa chica, después de su cruce de miradas, de su saludo mudo, después de ser un día más, comenzó su jornada laboral, una jornada que le llevó a media mañana a hacer una gestión en... Allí fue y allí pasó que... Allí estaba él. Cuenta la historia que se rompió el saludo mudo y que se saludaron y se escucharon como si estuvieran solos. Un buenos días tan solo, pero un buenos días para ellos dos, los demás no estuvieron ahí.

Sólo ese buenos días bastó, la llenó y la hizo pensar y cuentan que escribió lo siguiente:

 “Hoy, por fin, he podido cantar los buenos días que siempre había reservado al aire que cortabas con tu paso ágil, mañanero, tan difícil de ver...,  ¡sigue así!”

Sigue la historia que, al día siguiente, como de costumbre, el primer coche aparcado en ese cruce era el de la chica, y que la hora del encuentro entre miradas no se produjo puntualmente. La chica, preparada para salir y preparada para comenzar su jornada... dio los mudos buenos días y sonrió.

También cuenta la historia que, al día siguiente, esa chica no pudo aparcar en la esquinita y, contenta, aunque algo desorientada por un momento, dejó los buenos días para que esperaran por ella.